Esgrima para niños en Madrid: por qué es el deporte ideal para tu hijo

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Esgrima para niños en Madrid: por qué es el deporte ideal para tu hijo

La mayoría de los padres que nos llaman empiezan igual: «mi hijo quería probar algo diferente». Y acaban igual también: sin querer perderse un entrenamiento. La esgrima para niños no es lo que parece desde fuera. No es rígida, no es elitista y no es aburrida. Es un deporte completo, exigente y, cuando engancha, engancha de verdad.

En El Gato llevamos desde 2021 enseñando esgrima en Madrid a niños desde los 3 años. Aquí te contamos, sin rodeos, por qué merece la pena.

Para que lo entendáis de la mejor manera posible, os mostramos una pequeña infografía de los beneficios de la esgrima en los niños, y os explicamos más cositas debajo. 

Un deporte que trabaja el cuerpo de forma completa

Cuando decimos completo, lo decimos en serio.

La esgrima combina exigencia física y mental en cada acción. No solo se mueve el cuerpo: se piensa, se analiza y se decide en fracciones de segundo. Eso, en edades de desarrollo, es muy valioso.

A nivel físico trabaja capacidades que muchos deportes no tocan de esta forma:

  • Coordinación mano-pie. Atacar y desplazarse a la vez, con precisión. Pocos deportes lo exigen de esta manera tan específica.
  • Velocidad y explosividad. Un asalto dura milisegundos. El cuerpo aprende a reaccionar rápido, y eso se nota fuera de la pista también.
  • Equilibrio y estabilidad. La guardia base trabaja la musculatura profunda y el centro de gravedad de una forma que pocos deportes alcanzan.
  • Reflejos. Anticipar un ataque, esquivar, bloquear. El sistema nervioso se entrena igual que el músculo.
  • Psicomotricidad y lateralidad. Fundamental en el desarrollo infantil, y la esgrima la trabaja de forma natural en cada clase.

Lo que le pasa a la cabeza cuando hace esgrima

Aquí es donde la esgrima se separa del resto.

Es un deporte de combate y de pensamiento a la vez. En la pista no hay descanso mental: el rival cambia, las situaciones cambian, y tu hijo tiene que leer, decidir y actuar en tiempo real. Eso no se aprende en un cuaderno.

  • Concentración. En la pista no hay scroll, no hay ruido. O estás presente o pierdes. Con el tiempo, ese hábito se traslada a todo lo demás.
  • Toma de decisiones. Analizar al rival, detectar un patrón, actuar. Esa capacidad se entrena asalto a asalto.
  • Confianza. No la confianza de quien nunca falla. La de quien sabe levantarse. Cada error en la pista es una lección, no un fracaso.
  • Creatividad. No hay dos adversarios iguales. El niño aprende a buscar sus propias soluciones. Creatividad aplicada de verdad.
  • Gestión emocional. Nervios, frustración, euforia. La esgrima lo pone todo encima de la mesa y enseña a gestionarlo. Dentro y fuera de la sala.

La esgrima enseña a competir. Y eso importa más de lo que parece.

En El Gato competimos. En todas las categorías. Y tenemos resultados.

No lo decimos para presumir. Lo decimos porque es la consecuencia natural de trabajar bien. Cuando el entrenamiento es serio y progresivo, la competición llega sola.

Hay quien le tiene ciertos reparos a la competición en edades tempranas. Lo entendemos. Pero competir, bien llevado, es una de las mejores herramientas de aprendizaje que existen: enseña a prepararse, a gestionar los nervios, a respetar al rival y a encajar la derrota con madurez. Y a disfrutar la victoria sin que se le suba a la cabeza, que también tiene su mérito.

Todo eso vale mucho más allá de la pista. En los exámenes, con los amigos, en cómo encaran lo que venga. La competición, bien entendida, forma personas más completas. No solo mejores esgrimistas.

Un club, una comunidad

La esgrima es individual en la pista. En el club, no.

En El Gato los niños entrenan juntos, se ayudan, se animan y construyen amistades que van más allá de la sala. Eso también es parte del deporte, aunque no aparezca en ninguna clasificación.

Somos un club joven, madrileño y con mucha energía. No somos el club de siempre, y eso se nota desde el primer día. Hay equipo, hay liga, hay eventos. El Gato tiene vida más allá del entrenamiento.

¿A qué edad puede empezar mi hijo?

Antes de lo que imaginas.

En El Gato aceptamos niños desde los 3 años. Cada grupo tiene su propio ritmo y sus propios objetivos. No es lo mismo enseñar a un niño de 4 que a uno de 14, y lo tenemos muy claro:

  • De 3 a 8 años: psicomotricidad, coordinación, lateralidad y mucho juego. La esgrima como herramienta de desarrollo. En la etapa final de estas edades ya empiezan a competir contra otros peques en el club. 
  • De 9 a 14 años: técnica más estructurada, primeras competiciones internas y externas,  y trabajo táctico.
  • De 11 a 17 años: grupos de pre- competición, y competición. Torneos y trabajo específico de rendimiento, sin olvidar nunca los valores y los beneficios sociales y mentales que proporciona la esgrima.

No hace falta experiencia previa ni material propio. En el club prestamos todo el equipamiento hasta que la familia decide si quiere continuar.

Por qué El Gato y no otro club de esgrima en Madrid

Hay varios clubes de esgrima en Madrid. Cada uno tiene su forma. La nuestra es esta:

  • Grupos pequeños, máximo 10 alumnos. Atención real, seguimiento individual. Sabemos cómo va cada niño.
  • Flexibilidad. Uno, dos o tres días a la semana. Se combina como mejor encaje con la familia. Trato cercano. Conocemos a nuestros alumnos por su nombre. No somos un gimnasio grande.
  • Instalaciones propias en Legazpi. Sala equipada y con buen ambiente, al lado del Matadero, en Arganzuela.
  • Comunidad. Liga de equipos, eventos, competiciones internas. En El Gato hay más que entrenamiento.

¿Le damos una oportunidad?

Si tu hijo o hija tiene entre 3 y 17 años y le pica la curiosidad, lo más fácil es venir a verlo. Una clase dice más que cualquier artículo. Escríbenos por WhatsApp. Te contamos horarios, precios y cómo dar el primer paso.

Esgrima Madrid para niños 2
Esgrima Madrid para niños
Esgrima Madrid para niños 3

LA ESGRIMA HERRAMIENTA PARA FORMAR PERSONAS MÁS COMPLETAS.

Como ya os contamos en el artículo «¿Por qué dejaste tú de hacer esgrima?», todos hemos peleado con un palo o nos hemos creído un pirata o mosquetero. Dar la oportunidad de poder hacer realidad esa fantasía,  hará de la actividad algo muy especial.

Pero es que además, todas las capacidades psicológicas que se mejoran y desarrollan con la esgrima, se pueden transferir al día a día de cualquier persona. Ayudan a afrontar mejor los problemas que pueden surgir en las relaciones sociales, jugando con los compañeros; en gestionar situaciones de estrés en épocas de exámenes o trabajos; tener el deporte y hábitos saludables integrados en su vida, siendo así personas más sanas. En definitiva, la esgrima hará que nuestros alumnos puedan hacer frente a cualquier situación, social, personal o laboral, que se presente en su futuro. 

Entonces, ¿por qué debería hacer esgrima mi hijo? Si no te ha quedado claro, repásalo un par de veces, porque nosotros solo vemos cosas buenas.

¿Y vosotros, gatunos?

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